Joder, y nunca mejor dicho el refrán… nunca vino tan al pelo como cuando el sábado fuimos al súper con I.De entrada yo no iba a ir, pero al final me levanté del sofá y le acompañé. Llegamos y nos fuimos directos a coger número en la charcutería para mientras esperábamos el turno ir comprando lo demás. No seré yo quien diga que las 2 dependientas eran lentas, a mi no me gusta criticar (…) pero vamos, que una baja por stress de esas tías es para echarse a reír y no parar.
Al rato nos pusimos a la cola. Las de delante nuestro las típicas señoras que de todo compran 100 gr. y que cuando crees que ya han terminado entonces exclaman “ay no! Ponme también 100 de chopped de Chernobil” y vuelta a empezar.
Teníamos el 42 y al llegar iban por el 36, calculo que unos 25 minutos después una de las dependientas terminó de atender al 41 y cuando ya nos disponíamos a movernos de la columna donde estábamos apalancados con cara de estar pensando “donde está Al-Qaeda cuando se la necesita?” cuando de pronto la dependienta en lugar de apretar el botón y gritar el 42, se sale del mostrador y se va. En aquél momento ni caso, pero a los pocos minutos les pregunté a I. “donde está la pájara esa?” y me dice “habrá ido al baño…”, y ahí se abrió la caja de Pandora.
Empezamos a divagar con suposiciones del tipo:
- Y porque cuando se ha ido no ha gritado “señoras y señores… me voy a plantar un pinooooo!!!”.
- O porque no ha dicho “ahora vuelvo que me cagoooooooooooooooooo” .
- O también un “ups… ahora vengo que noto un peso en las bragas…”.
- O si era algo más sencillo porque no dijo “me voy a echar un meo”.
Y en ese momento caí en la cuenta y dije “cuanto tiempo lleva fuera? Joder… esta tía no está meando, demasiado rato… joder, joder, joder… que termine la otra de atender porque si no vendrá está y gritará nuestro número”.
Y la otra se lo tomaba todo con calma… con mucha calma…
Y de pronto, de entre las estanterías apareció el uniforme de la charcutera cagona. Evité mirarla mucho, no quería ver si andaba muy abierta de patas o si estaba roja y sudorosa, cosa que hubiera evidenciado un esfuerzo sobrehumano por su parte para expulsar al alien. O si venia con cara de placer por haber reventado después de días sin acercarse a la taza, lo cual me hubiera planteado el dilema de decirle a su compañera algo como “yo de ti si tienes que ir al baño me iría al bar…”.
“El 42!!!!!”, mierda, y nunca mejor dicho, mientras I. desenganchaba su espalda de la nevera de los congelados le susurré un “tira el ticket, perdamos el turno, podemos venir mañana, los domingos abren por la mañana…” pero nada, hizo el pedido.
Y por más que la tía se pusiera guantes, a mi me daba igual, porque total, esos guantes los cogió con la mano. Con esa mano!!!
Yo esta semana no como pavo. Y la que viene ya veremos…














