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viernes, 11 de septiembre de 2009

Estupideces de mi vida: De bodas y resacas

Vaya de entrada que a mi las bodas no me gustan, pero a la vez reconozco que no estuvo mal. Mal estuve yo al día siguiente, pero eso ya llegará.
Accedí a ir a la boda después de que su madre me acorralara en el portal de su casa y me dijese que yo iba a esa boda sí o sí. Y me dio tal miedo que al llegar a casa le dije a I., “el 5 de septiembre vamos de boda”.
Y llegó el día, yo avisé ya en su 1ª despedida a la novia, que no pensaba aparecer con traje, ni con zapatos ni nada así, yo apoyaba la idea de ir en plan Eva Nasarre, en chándal y calentadores, pero luego pensé que nadie recordaría a la fumada de la Nasarre, que pensarían que iba de Madonna y que encima el hijo de la 1ª volvería a los platós a llorar por su madre, y eso no hay persona humana que lo vuelva a resistir. Así que finalmente opté por combinar unas zapatillas negras y lilas con pantalones negros, camisa gris y corbata lila.
Si algo conseguimos, creo que fue destacar, porque entre esa indumentaria mía y la corbata de calaveras con chapa a juego de I., creo que como mínimo, alguien pensaría “ande van?”. Yo estaba deseando que alguien me hiciese algún comentario para decir algo como “yo es que pensé que era un cumpleaños infantil en el que iba a actuar Hanna Montana” pero nadie se atrevió a preguntar.
La boda se celebró en el patio del museo de la ciudad, que no está nada mal el sitio, pero con el sol que caía a la 1 del mediodía aquello parecía más el corro de la patata con toda la gente buscando la sombra alrededor del patio y las sillas en medio muertas de risa. Momento cumbre de la ceremonia, que por suerte fue corta, cuando una amiga común de la novia y mía subió a leer unas palabras y en un intento de evocar aquellos tiempos de niñez en que ellas viajaban juntas con sus familias soltó algo así como “recuerdo esos viajes en los que acababamos vomitando…” y claro, la palabra vomitar, no es que pegue mucho en una boda, que a partir de ahí se abre la veda y puede seguir con un “recuerdo cuando tomando el sol nos comíamos los mocos la una de la otra, o cuando nos desparasitábamos las cabezas cuales macacos de la selva amazónica, o cuando yo te daba masajes en los pies y me hacías lamerte los hongos que florecían cual margaritas al sol entre tus dedos…”. Pero la chica se contuvo.
De allí a la comilona. Primero un pica pica en un jardín, un pica pica en el que I., se puso las botas pero yo no probé nada, porque a mi en cuanto que me plantan una bandeja con canapés de distintos ingredientes en los que apenas identifico el principal pues como que no.
Y después el ágape tal cual dicho. Aunque si algo destacó durante la comida fue sin duda el camarero. Llegó uno que sirviendo se cargó un par de copas, ya no volvimos a verlo, al rato otro que… que… en fin, mejor mirad la foto…
Que voy a deciros del individuo? Pues que yo quería hacer porra para ver si llegaba vivo al postre, si duraría hasta los cafés o si moriría en un rincón mientras todos bailábamos. Y es que el tio tenía unos sudores y unos tembleques que no eran normales… traía los platos bailando, mejor hubiera sido que hubiese estado en la cocina montando la nata del pastel porque con semejante temblor en las manos lo hubiese hecho en un periquete.
No entiendo el porque al servir los platos tiene que sonar una canción a toda leche y la gente ponerse a enarbolar las servilletas, es algo que me sorprendió bastante. Había una seria representación de Turolenses que se encargaron del tan usado en estos eventos “vivan los novios”, una vez más yo opté por sugerir que cuando gritasen de nuevo alguien de nuestra mesa gritase “calla y come joder”, pero nada, no me hicieron caso.
Iluso de mi, yo que soy lo más vergonzoso del mundo y que lo último que quiero es que la gente me mire y ser el centro de atención, a la novia no se le ocurrió otra cosa que regalarme su liga a mi… y de pronto me vi con una liga blanca en la cabeza, unos ardores que me subían por toda la cara, la gente de las mesas gritando y el fotógrafa o la cámara a 2 metros de mi fotografiando y filmando el momento, vaya a ser que a alguien le de Alzheimer y se olvidase… Pero bueno, el detalle me hizo ilusión, aunque al preguntar que qué significaba eso una señora me dijo “que te tienes que casar en un año” y no, bonita, desde aquí os lo digo a todos pero especialmente a la señora, que eso, no va a pasar.
Llegó el baile, y con él la barra libre. Protagonistas de ese momento, el alcohol y la tia de la novia, que podeis ver en la siguiente foto.
Corre un video de I., en Facebook borrachísimo bailando sin parar, quizá acabe en alguna batidora, pero no seré yo quien lo cuelgue aquí a no ser que él mismo me autorice a hacerlo. Yo me puse a obedecer las órdenes de la novia, que me había dicho días atrás “tienes que amortizar la barra libre, que hay muchas preñadas y mamás recientes que no lo harán” y claro, yo que me puse seriamente a ello, me pimplé 10 cubatas en poco más de 2 horas y acabé fatal de lo mío.
Cuando ya llebaba unos 8 o 9 directos al hígado, pasó un turolense con mi liga en la cabeza, y eso sí que no, que por una vez que alguien se acuerda de mi y me regala algo… se lo dije al ladronzuelo de ligas pero no se que me contestó, así que visto que ni tan sólo podía entederle y mucho menos perseguirle para quitársela, recurrí a la novia, que también algo perjudicada, recurrió al novio y éste me devolvió mi trofeo de boda.
Al acabar la barra libre poco nos quedaba por allí, más que nada porque habían desmontado hasta las mesas, vamos, que nos echaban…
Quedamos con los novios y sus amig@s en un bar, al que nunca llegaríamos, ya que una vez pudimos casi reptar hasta casa y nos tumbamos en la cama, borrachos cual Carmina en sus fiestas del Rocío no hubo huevos de oir el despertador, eso sí, a partir de las 2 una resaca horrorosa acompañada, ahora sí, de vómitos reales, apareció y no se marchó hasta casi 24h después. En mi vida he pasado un domingo de resaca tan malo, yo ya me temía estar vomitando mi hígado desecho. Yo quería morirme en el sofá sólo para dejar de sentir el mareo que sentía. Si bebía un sorbo de agua vomitaba 2 litros, no sabía si eso era normal o si era el nuevo Mesías multiplicando la comida como él multiplicó panes y peces...
Para terminar, que la cosa no estuvo mal, hay que reconocerlo, que entre tías de la novia fiesteras, camareros a punto de morir, ladrones de ligas, la abuela de la novia arreandome un guantazo por que no me había reconocido por llevar barba, amigas que dicen “vomitar” en un discurso cual oráculo de lo que se me venía encima, camareros del chat que luego no te saludan, amigas mongolas, amigas cantando el Sálvame, amigas haciendo morritos, Duques que no son tan Duques y demás personajes, si hubiese que repetir, repetiría.
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